LAS VERDADES de César Valdés: 'Fue doloroso convivir con la Comisión Nacional'

César Valdés no puede obviar sus años en el beisbol y habla sobre el futuro del deporte que defiende como si en ello le fuera la vida
César Valdés no puede obviar sus años en el beisbol y habla sobre el futuro del deporte que defiende como si en ello le fuera la vida
Foto: Ismael Francisco
Por Yunier Javier Sifonte.

Frente a frente, Luis César Valdés enseña el mismo respeto que ganó durante más de veinte años como árbitro de beisbol en Cuba. En una profesión poco favorecida por el público y con habituales abucheos desde las gradas, este hombre supo imponer su autoridad y convertirse en figura esencial a la hora de impartir justicia sobre un terreno de juego.


Cuando hace cinco años anunció su retiro, una conmoción recorrió el país. Considerado por muchos como una institución sobre la grama y reconocido como uno de los jueces más influyentes del beisbol nacional, aquella decisión puso fin a una carrera relativamente corta para un árbitro. Su participación en el III Clásico Mundial, dos Juegos Olímpicos y cinco Campeonatos del Mundo, parecían demasiado para un hombre en la mitad de su vida.

Ahora, con 52 años cumplidos, sus habituales más de 150 kilos de peso y con el mérito de fundar y dirigir por más de diez años la mejor escuela de arbitraje en Cuba, César Valdés no puede obviar sus años en el beisbol y habla sobre el futuro del deporte que defiende como si en ello le fuera la vida.

– ¿No cree precipitado el adiós con solo 47 años?

Me retiré por un problema estrictamente personal. Tenía a mi papá muy enfermo y necesitaba tiempo para cuidarlo. Trabajé casi tres años en Nicaragua para tenerlo más cerca, porque él vivía en Honduras desde hacía veinte años. Estábamos muy unidos y verlo sufrir y luchar contra su padecimiento por tanto tiempo me dejó un dolor que aun no supero del todo. Luego de su muerte decidí ir a Cienfuegos y cambiar de aire.

Junto a ello, necesitaba darle calor a la casa y ver el crecimiento de mi hijo más pequeño. Fueron muchos años dentro de un terreno de pelota y de pronto uno se da cuenta que casi no conoce a la familia. No me desvinculé completamente del deporte.

En Cienfuegos apoyé en la formación de algunos árbitros y en Villa Clara dirigí un grupo multidisciplinario para ayudar en la preparación de equipo a la Serie Nacional. El proyecto siempre fue que Eduardo Paret llevara las riendas, así que ahora vemos el fruto.



– Sin embargo, cuando anunció su retiro también habló de cierta incomodidad con la Comisión Nacional de Beisbol.

Por más de diez años dirigí el tema del arbitraje y fue doloroso convivir con la Comisión Nacional. No puede entenderse el cuerpo de árbitros como un departamento más. Podemos estar juntos, radicar incluso en el mismo edificio, pero con direcciones distintas.

No se trata de un capricho, sino de comprender que cada función lleva un pensamiento diferente y la Comisión no debería dirigir el tema arbitral. Es necesaria una armonía, por supuesto, pero no una dependencia. Esa fue una lucha de muchos años no solo mía, sino también de quienes me antecedieron. A veces no se respetaban las decisiones de los árbitros y eso también creó dolor.

– ¿Cuánto aportó la Escuela Nacional de Árbitros?

Ese fue un proyecto muy bonito. Llegué relativamente rápido a jefe de grupo en la Serie Nacional. Entonces varios amigos del área se acercaron y propusieron crear un colegio para árbitros cubanos y luego extenderlo a la región. Así ayudaríamos en la formación de quienes tenían menos opciones económicas para formarse y elevar su nivel.

En Estados Unidos, por ejemplo, entrar a una escuela de árbitros cuesta 20 mil dólares. Ahí te preparas durante diez años, pero si en ese tiempo no llegas a Grandes Ligas o a triple A solo puedes aspirar a trabajar en torneos nacionales. Quizás Japón sea el único país del mundo con un sistema tan exigente.

En la escuela nosotros exigimos solo cinco años, la representación de todas las provincias y ciertas condiciones físicas y de escolaridad. En ese tiempo Miguel Díaz-Canel era el Primer Secretario del Partido Comunista en Villa Clara y nos dio todo el apoyo posible.

Por más de una década la escuela funcionó solo con el aporte de la provincia y cumplió su papel en la preparación de los árbitros de Cuba. Sin embargo, cuando al fin el Instituto de Deportes, Educación Física y Recreación planificó darle respaldo económico, alguien decidió cerrarla.




– ¿El arbitraje cubano goza de buena salud?

Marcha a la par de la del beisbol. Dos o tres cursos no son suficientes para formar un árbitro con nivel para una Serie Nacional. Llegar hasta allí no puede convertirse en algo sencillo. Hoy tenemos en Cuba jueces que no han trabajado en el Latinoamericano, o en estadios con 30 mil o 40 mil personas en las gradas. Eso también hace falta. Por suerte llegó la consulta con la cámara lenta, tanto para Cuba como para el resto del mundo.


Otra cosa importante radica en el rescate de la disciplina y la autoridad dentro del terreno de juego. Ahora todo el mundo gesticula o se molesta, pero eso viene porque somos muy benévolos a la hora de tomar decisiones. Son contados los atletas o técnicos suspendidos luego de una expulsión. Necesitamos fortalecer el trabajo del supervisor de arbitraje en cada encuentro.

Además, la Comisión Nacional no puede dictar medidas sin escuchar al árbitro que expulsó a alguien, porque se corre el riesgo de no llegar o pasarse con la sanción. Nuestro sueño siempre fue crear la asociación de árbitros cubanos. En mi caso regresar ya no es una opción, pero luchar por nuestro beisbol sí.

– En eventos internacionales muchas veces se habla de la compra de peloteros. ¿Sucede también con los árbitros?

Quizás mucho más que con los atletas, pero es menos perceptible. El juez puede decidir un juego o un torneo con una decisión suya, y si lo hace bien nadie lo percibe. Por suerte nosotros siempre tuvimos buenos amigos en los árbitros de la región. Nunca nos favorecieron, pero no se dejaron comprar. Por lo general Cuba tenía cruces o discusiones de medallas difíciles, y en este mundo quien tiene el dinero puede pagar para conseguir una ventaja. Cada vez que ganamos fue por nuestro esfuerzo y talento.




– ¿Qué sensaciones le dejaron esos torneos?

La mayor satisfacción estuvo en ver cómo gracias al trabajo en mi país y para Cuba, pude tener el reconocimiento de la Federación Internacional de Beisbol y asistir a eventos importantes. Sin embargo, la peor sensación estuvo en comprobar de cerca cómo muchos países que comenzaron a desarrollar con fuerza el beisbol hace pocos años ya nos superan en calidad.

Eso nos dolía a muchos. Tuvimos una época donde no perdíamos y se decía que eso sucedía porque jugábamos contra aficionados. Sin embargo, en el Primer Clásico terminamos segundos entre equipos profesionales, y ahora chocamos contra amateurs y tampoco ganamos.

– ¿Puede recuperarse el beisbol cubano?

Es un fenómeno complejo con muchas causas. Aunque llevamos tiempo sin ganar un torneo importante, seguimos empecinados en los métodos de hace diez años. No asistimos al Campeonato Mundial sub 23 y perdimos en los Juegos Centroamericanos y así será muy difícil clasificar a los Juegos Olímpicos. Para nadie es un secreto que la pelota pierde espacio entre los jóvenes, pero no porque el fútbol lo robe. Por televisión vemos el mejor fútbol del mundo. ¿Ocurre lo mismo con el beisbol?

Junto a ello, los continuos cambios de formato y las incongruencias a la hora de integrar los equipos nacionales crean malestar. Mientras existe un poco de rivalidad y entrega los estadios se llenan, porque al pueblo sí le corre el beisbol por la venas. Solo hay que aprender a escucharlo.

Ahora mismo, por ejemplo, la nueva estructura para iniciar la segunda fase es absurda. Holguín comenzó mal la Serie Nacional, se repuso y logró clasificar por encima de otros, pero otra vez tiene que nadar contra la corriente. Eso no ayuda a nuestro deporte. Por otra parte, ¿alguien escuchó a Holguín? ¿Esa medida es popular entre nuestro pueblo? En Cuba el beisbol es un fenómeno de masas, y las decisiones sobre él deberían tomarse con ese elemento en cuenta.

Nuestro beisbol necesita una inyección de realidad y ello implica asumir los adelantos de la ciencia y la tecnología, la optimización de escuelas para árbitros, atletas de alto potencial y directores de equipos. El cambio de un comisionado nacional por otro, sin transformar el equipo que lo acompaña, tampoco resuelve nada. Necesitamos la unión de todos si pretendemos avanzar.




– ¿Y el trabajo en las categorías inferiores?

Hace pocos años uno veía en todos los municipios juegos de pelota a la mano, torneos interbarrios o a los activistas del beisbol casi todo el día en los terrenos con los niños. Todo eso es también la base y ya casi no existe. Además, tenemos un sistema educacional excelente, con todas nuestras universidades organizadas y con muchachos talentosos, pero sin una liga para jugar a ese nivel.

En casi todos los países del mundo los principales peloteros salen de las universidades. Entonces, tenemos la fruta en la mano, pero no la aprovechamos. Nos falta reevaluar el beisbol a partir de buenas experiencias de otros lugares.

Mientras tanto, que nadie crea que el tema del bloqueo no afecta. Para el beisbol ha sido catastrófico, porque necesita muchos implementos y a veces no existen recursos para comprarlos. Nuestros atletas son guerreros y salen adelante, pero tenemos el compromiso de ayudarlos y buscar nuevas maneras de flanquear esa medida.

– Muchos ven los contratos en el extranjero como la única salida para recuperar el nivel del beisbol en Cuba.

Ciertamente los contratos representan una parte importante, porque rápidamente ofrecen la oportunidad de insertar peloteros en ligas de nivel, pero no significan la única opción. Es necesario fortalecer nuestra competencia, crear un torneo profesional con tres o cuatro equipos. Ningún país le pone tanto dinero al deporte como Cuba, y eso tenemos que ayudarlo.

El financiamiento siempre resulta un tema complejo, pero podríamos buscar apoyo en empresas del país. Ninguna liga caribeña tiene tantos equipos como la nuestra, porque mantenerla se hace muy difícil.




– Recientemente Alfredo Despaigne confirmó su negativa a jugar como refuerzo en la segunda fase de la Serie Nacional…

No podemos pensar que nuestros peloteros son máquinas. Es vital respetar los contratos que firmaron el atleta, la Comisión Nacional y el club. Hay algo esencial aquí: el rigor de la serie profesional japonesa.

Nadie sabe el estrés de esos muchachos, con una exigencia del cien por ciento en cada desafío, con más del 60 por ciento de partidos jugados, con la responsabilidad de cuarto bate en el caso del granmense. A eso súmale los problemas de comunicación en un país extraño, y que todo lo enfrentan sin una familia cerca, sin nada afectivo que los ayude a controlarse y evitar más estrés luego del juego.

Ellos prácticamente viven entre el estadio de pelota y el apartamento. Entonces hay algo importante antes de tomar cualquier decisión: escuchar al atleta, saber cómo piensa.. El respeto y la disciplina deben ir en ambas direcciones.




– ¿Sería beneficioso un equipo nacional con presencia de peloteros cubanos de Grandes Ligas?

Nuestro país es el único que en los Clásicos Mundiales no recibe la inyección de los peloteros de Grandes Ligas. Eso tiene muchas aristas y una de las principales son las trabas de Estados Unidos para permitirles jugar. Sin embargo, esos peloteros también son cubanos y le deben toda su formación a su país. No podemos regalar deportistas, porque para preparar a un atleta hay que invertir miles de recursos, y Cuba los forma gratis.

Desde acá no deberíamos cerrar las puertas, siempre que se mantenga el respeto a nuestros principios. Nos podemos sentir orgullosos que aun bloqueados y perseguidos tenemos varios peloteros de nivel en Grandes Ligas. Que el mundo respete nuestra política, pero no cerrarnos sobre nosotros mismos. Creo que ahí está la esencia. No obstante, solo el trabajo de todos llevará al beisbol cubano al lugar que merece.

Con información tomada de CubaDebate


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