Segundas bases de las Series Nacionales, aquí los mejores

Jugar la intermedia significa ser un buen defensor, llegar a lo increíble, desde roletazos hasta los pop fly, hacer buena combinación de doble matanza con el torpedero y estar a la viva a la hora del robo de corredores rivales. Los camareros están obligados a batear, sea como hombre de tacto, dirigiendo la bola por donde más duele, tocando si es el caso, e incluso ahora los hay con tremendo poder


“El béisbol es el único deporte, que conozca, que cuando un conjunto
está a la ofensiva, el equipo rival tiene el control de la pelota.”
Ken “Hawk” Harrelson (ex pelotero, narrador y
comentarista de los Medias Blancas de Chicago)

Por Esteban Romero.

Un tema sumamente polémico, hablar de los mejores “camareros” o defensores de la segunda base en la historia de las series nacionales, donde por suerte han pasado muchas y de calidad.


Aunque las estadísticas dicen muchas cosas, hay otras que son las que uno vio en el terreno y que no siempre dicen los numeritos. Jugar la intermedia significa ser un buen defensor, llegar a lo increíble, desde roletazos hasta los pop fly, hacer buena combinación de doble matanza con el torpedero y estar a la viva a la hora del robo de corredores rivales. Los camareros están obligados a batear, sea como hombre de tacto, dirigiendo la bola por donde más duele, tocando si es el caso, e incluso ahora los hay con tremendo poder.

Cuando en 1962 se inició la primera serie, entonces dos camareros se veían claramente. El primero era Urbano González, todo un maestro del bateo, y el segundo era el camagüeyano Rolando “Gallego” Valdés, hombre de poder, quien, no en balde, fue líder jonronero en las dos primeras series nacionales. La defensiva de ambos era aceptable, pero sin llegar a ser nada de otra galaxia. No eran realmente hombres rápidos. Valdés era poder pero poco tacto al bate. Urbano jugaba la posición, ya que la tercera era entonces defendida por hombres como Jorge Trigoura y Germán Águila.




En la primera serie también había debutado Andrés Pilotaje Telémaco, quien jugó más tercera en ese torneo, ya que el Gallego Valdés defendía la segunda de su equipo, Orientales. El Tele medía 182 cm, pasó a jugar más la segunda a partir de la segunda serie y ya en la tercera serie se desenvolvió como regular, ya que el Gallego pasó a jugar con los Azucareros y luego con los Granjeros. Precisamente en la tercera serie nacional debutaba un joven matancero, de menos altura que el Tele, mide 175.26 cm, que era todo un rayo al campo. Se trata de Félix Isasi Mestre, oriundo de Pueblo Nuevo, ciudad de Matanzas. Según él mismo ha confesado, su ídolo era otro bigleaguer matancero, Tony Taylor.

Se puede decir que fue a partir de esa serie que apareció la maestría defensiva alrededor del segundo saco en Cuba. Era como si hubiera una competencia entre ambos peloteros. Isasi fue siempre un buen bateador, buen fildeador, con mucha picardía en el terreno, escondía bola y sacaba outs como un mago saca palomas de un sombrero. Otra virtud era saber correr, robando bases superaba a hombres rápidos como su compañero Wilfredo Sánchez. En ese aspecto de los robos, fue todo un émulo de Ñico Jiménez. Se puede asegurar que fue el camarero más integral en las primeras dos décadas de series nacionales, pues lo hacía todo bien, no en balde, fue regular en su posición desde los Panamericanos de Winnipeg (1967), aunque a decir verdad, lo debió haber sido desde los Centroamericanos de San Juan (1966). Por razones, que nadie sabe o no se dijeron, optaron por llevar a su coterráneo Rafael Herrera en tercera y a Urbano jugando la segunda. Con todo el respeto a Herrera, pero Isasi en la quinta serie nacional fue muy superior al bate, aparte del resto de las virtudes ya mencionadas.

¿Qué decir de Telémaco? No he visto a nadie pivotear como lo hacía el guantanamero. Según él afirmó, pivoteaba con la muñeca, a la altura de la cadera y no utilizaba el brazo como palanca. Esa maravilla era marca registrada del Tele. El famoso narrador-comentarista Buck Canel le vio jugar en el campeonato mundial de 1969, en Santo Domingo, quien afirmó no haber visto antes a un camarero tan alto con esa velocidad y forma de tirar. Tele comenzó a ser un dolor de cabeza al bate a partir de la quinta serie, cuando se llevó el título de dobletes (12) y rompió el record de 10 establecido por Tomás Soto en la I serie. En la VII serie, promedió por encima de los .300, mientras que en la VIII, concretamente el 12 de febrero de 1969, se convirtió en el primer pelotero, en series nacionales, en conectar 6 hits en un juego.




Sin lugar a dudas, Isasi fue siempre bateador de altos promedios, Telémaco fue un grande hasta que se lesionó. El desaparecido comentarista Rubén Rodríguez, uno de los más conocedores de la pelota cubana de todos los tiempos y muy observador, señalaba la grandeza de ambos, a Tele por su pivot y defensiva, a Isasi por su bateo, corrido de bases y defensiva, y añadía que Isasi superaba a Telémaco en los pop fly, tenía más sentido para llegarle a esos batazos, que a veces no se sabe donde podían caer.

En la X serie nacional (1970-71) debutó un joven oriental con el equipo Las Villas, que se desmpeñó bien al bate, al extremo que se llevó el novato del año, se trata de Heriberto Arboláez, quien defendía modestamente la intermedia. Este pelotero jugó una temporada más con Las Villas, mientras que en la XII serie nacional pasó a jugar con los debutantes Serranos, donde compartiría la posición con el novato guantanamero Wilfredo Hernández Rojas. En la XIII serie pasó a jugar con los Mineros y luego nunca más se supo de él.

El pinareño Alfonso Urquiola, quien venía de jugar la posición en la selección juvenil cubana, debutó en 1971. Era rápido al campo y en el corrido de las bases, bateador que se fueron superando en promedio cada temporada. Urquiola se situaba muy detrás al campo, ni Isasi ni Telémaco jugaban así. Eso fue lo primero que me llamó la atención del pinareño. El campo que cubría el pinareño era algo superior al de los mencionados peloteros. Poco después, debutaron, dos nuevos camareros, el ya mencionado Wilfredo Hernández con los Serranos y el habanero Rey Vicente Anglada, que lo hizo jugando la antesala y sustituyendo por lesión a Germán Águila. La segunda entonces era defendida por Julio Soto en los Industriales. Un año después Soto se retiró y Anglada comenzó a jugar su base, la segunda, aunque era muy bueno en cualquier posición del cuadro. El hombre del Cerro jugaba también atrás, pero con un plus, era muy veloz al campo, cubría mucho terreno. A lo que le llegaba Anglada, no recuerdo a ningún otro que le haya llegado fildeando, sacaba outs increíbles. Al bate, era hombre de tacto, tocaba bien la bola y la dirigía a conveniencia. En las bases era un demonio, muy inteligente y jugador de picardía como Isasi. El Latino vibraba con sus jugadas ofensivas y defensivas.

A Wilfredo le vimos jugar con velocidad su posición, era pimentoso, fildeaba muy bien, pero sin llegar a la estelaridad de Anglada y Urquiola. Al bate fue mejorando temporada tras temporada, se convirtió en bateador de tacto, capaz de conectar por detrás del corredor, muy útil como segundo bate en su alineación. Logró hacer combinación con Agustín Arias, luego con Antonio Pacheco, cuando el santiaguero aún cubría el campo corto. Fue parte del equipo Cuba a los Centroamericanos de La Habana (1982) cuando Urquiola fue sancionado, a entender del que suscribe, de manera injusta.




Carmelo Pedroso Chamizo, oriundo de Candelaria, debutó con Vegueros en la XIV serie (1974-75), equipo en el que jugó como reserva de la segunda hasta 1976-78 (XVIII serie). A partir de la XIX serie (1978-79) pasó a jugar con Forestales, donde demostró más que eficiencia defensiva, buen bateo. Cuando a Anglada le comenzaron los problemas, artificialmente creados por la Comisión de Béisbol, que le llevaron a no integrar los equipos Cuba al Mundial de Japón (1980) y a la V Copa Intercontinental, Edmonton (1981), fue entonces que el conjunto nacional llevó dos camareros de una misma provincia, o sea a Urquiola y a Pedroso. Realmente el hombre de Candelaria había bateado en condiciones, por lo que lo lógico habría sido llevar a Anglada y a Pedroso. Este pelotero jugó hasta la XXVII serie (1987-88) con los Forestales, no con Vegeueros, como se aseguraba en una entrevista. 


En la misma época del debut de Carmelo Pedroso, debutaba también un joven espirituano, igualmente de las filas del Cuba juvenil, de nombre Miguel Rojas, el que supo mostrar perseverancia al jugar 20 series nacionales, además de mostrar una defensiva muy buena en sentido general. Rojitas no fue ese gran bateador, pero en ocasiones se convertía en el clásico salao con algún batazo oportuno.

Cuba tenía varios camareros muy dotados en 1975. Todavía Isasi lo hacía bien, aunque el bate de aluminio y los metrallazos que por su zona iban, no es que le gustaran mucho. Además, estaban Urquiola y Anglada. La carrera de este último comenzó a detenerse, no por su culpa, a partir de 1979 cuando quedó fuera del equipo Cuba para integrar el conjunto a la Intercontinental de 1979, en la Habana. Previamente había ido como segunda regular del Cuba a los Panamericanos de 1979, no estaba lesionado, ¿qué le pasó? Quien mejor puede responder a esta pregunta es Servio Borges, lo que uno no está seguro que la quiera responder. Anglada no hizo más equipos Cuba y en 1981 desapareció de la escena de juego. Recuerdo al mismo Bobby Salamanca dando la noticia por la radio. Se decía que había apostado o vendido juegos, lo que la vida ha demostrado que no fue cierto.



Así nos perdimos la oportunidad de seguir disfrutando del juego de una segunda base, que fuera todo sensación. Era el Tony Taylor de los Industriales, quien lo hacía todo bien a la defensa, a la ofensiva, en el corrido de bases y orientando a sus compañeros al campo. Junto a Rodolfo Puente, creó una de las mejores combinaciones alrededor de segunda en series nacionales.

Por esa misma época fue que debutó el santiaguero Antonio Pacheco Massó, otro que venía de jugar en equipos Cuba infantil y juvenil, la mayoría de las veces como torpedero, incluso en los equipos de su provincia varias veces jugó esa posición. Pacheco tenía buen desplazamiento, pero nada comparable con Urquiola o Anglada, de buen brazo, muy inteligente al campo, era todo un director, y como bateador era un mago, lo mismo tocaba, que bateaba por detrás del corredor y en el Latino le vi dar uno de los jonrones más largos que se haya dado por el jardín izquierdo. Pacheco le tocó pasar más del 90% de su carrera bateando con aluminio. A partir de 1984 jugó la segunda base e hizo combinación con Evenecer Godinez en equipos orientales y con Germán Mesa en los equipos Cuba. Es el camarero de mayor duración en series nacionales después de Enrique Díaz y el que más veces fue titular de la posición en los equipos Cuba. De su clase da fe el hecho de que los azulejos de Toronto le quisieran contratar junto a Omar Linares para dar fuerza a su cuadro, propuestas que ambos peloteros no aceptaron.

En la década de los 80, debutaron nuevos pinos, defensores de la segunda. El primero fue Juan Padilla, en 1983, una segunda base defensiva de las mejores que hayan pasado por series nacionales, que hizo combinación en equipos capitalinos con Germán Mesa. Padilla bateaba, pero no más que Pacheco y por eso siempre fue reserva del infield en los equipos Cuba. El otro fue Oscar Macías, en 1984, quien venía de las filas juveniles. Sin llegar a ser una sensación en segunda, su defensa fue aceptable y su bateo, sobre todo de largometraje se hizo sentir, sus 286 jonrones, que pudieron ser más, sacan ventaja de dos a los bateados por Antonio Pacheco. Su poder le llevó a hacer varias veces el equipo Cuba. En 1983 fue sancionado, la voz de la calle dijo que lo habían cogido tratando de irse del país. La radio y la TV nada dijeron al respecto, no lo mencionaron más.




El pinero Alexander Ramos debutó en 1987, todo un virtuoso al bate y su juego casi permanente. Ramos se retiró, después de 18 series nacionales, con promedio de .339, el más alto entre los camareros, y dejó record ejemplar de 1112 juegos consecutivos jugados en Series Nacionales. Con todo lo que hizo, Ramos solo fue parte del equipo Cuba a los Panamericanos de 2003. En igual temporada de 1987, debutaba Enriquito Díaz, el camarero de siempre de los Metropolitanos, aunque jugó algo con los Industriales (cinco temporadas). Tenía buen desplazamiento como segunda base, aunque a mi modesto entender, no llegó a ser esa maravilla como Padilla. Enriquito fue ejemplo de perseverancia, jugó en 26 series nacionales, segundo pelotero de series nacionales en temporadas jugadas, y su promedio ofensivo quedó a dos céntimas de los .300. Otra virtud, su velocidad en el corrido, robador de 726 bases. Enriquito se retiró de 45 años, pero le tocó jugar cuando la competencia por el segundo saco era grande, ya que entonces jugaban los mencionados Pacheco, Padilla, Ramos, Macías y Yobal Dueñas, que aún no se ha mencionado. Se retiró como el primero en hits conectados (2378), anotadas (1638), triples (99), además de bases robadas.

El pinareño Yobal Dueñas, otro camarero titular de la posición en equipo juvenil Cuba, que debutó en 1990 en series nacionales. Hombre alto que supo jugar la posición, además de desenvolverse en los jardines en muchas oportunidades. Al bate no era fácil de dominar, tenía tacto y poder y sabía correr las bases. Después de haber jugado 14 temporadas y haber jugado siete veces en equipos Cuba en eventos oficiales, Yobal decidió abandonar el país.



En la década de los 90, debutó Jorge Díaz Olano, más conocido como la araña, quien jugó durante 6 temporadas con aquel conjunto Villa Clara casi invencible, donde demostró sus habilidades defensivas y ofensivas. Díaz, padre del actual bigleaguer Yandy Díaz Fernández, decidió abandonar el país en 1997. En la pelota profesional estadounidense no pasó de jugar con algunos equipos independientes en el período de 2000-06.

En la XLVI serie nacional (2006-07) debutó el matancero José Miguel Fernández, bateador zurdo, hombre de mucho tacto y capaz de conectar batazos extraviados. Su ofensiva fue su gran virtud, ya que defensivamente no fue una estrella, sea en segunda, tercera y a veces el campo corto. Así y todo, José Miguel logró integrar varias veces el conjunto nacional, incluso a un Clásico, donde volvió a demostrar que al bate es un pelotero de cuidado. Jugó para su provincia hasta la LIV serie nacional (2014-15), concluida la cual, decidió abandonar el país, algo que logró con bastante dificultad. Fernández logró ser agente libre y contratado por los Angelinos, equipo con el que debutó en 2018, pero jugando la inicial. Nuevamente, su bateo está presente, capaz de discriminar bolas malas, pero su defensiva le llevaron a jugar la inicial.




Otros peloteros que debutaron posteriormente fueron el isleño Andy Ibáñez, en la LI serie nacional (2011-12), pelotero que se ha caracterizado por ser bastante completo en los ambos renglones. En la temporada de su debut, se llevó el premio de mejor segunda base defensvia. Ibáñez jugó tres series y luego se marchó legalmente del país. Los Vigilantes le contrataron y juega satisfactoriamente con la sucursal Round Rock Express en la Liga Costa del Pacífico (AAA). El otro debutante fue el cienfueguero Yoán Moncada en la LII serie nacional (2012-13), bateador ambidextro que se destacó por su velocidad en las bases. Al igual que Ibáñez, se marchó legalmente después de concluida la LIII serie nacional, se hizo agente libre y los Medias Rojas de Boston le contrataron, equipo con el que debutó en la temporada de 2016. Meses después fue canjeado a los Medias Blancas, con los que juega desde mediados de la temporada de 2017. Si bien le sobran las condiciones, tiene que pulir muchos aspectos de su juego, ser más agresivo a la defensa y saber discriminar los lanzamientos, ya que su ponchemanía es mal recibida por la fanaticada del Guarantee Rate Field en Chicago.

En las últimas series, los camareros regulares del equipo Cuba han sido el granmense Carlos Bénitez, hombre de poder, con tacto moderado, desempeño modesto a la defensiva, y el habanero Juan Carlos Torriente, de más tacto, capaz de dirigir la bola por detrás del corredor, e igualmente de defensa modesta. Con todo el respeto a estos peloteros, pero en Cuba antes había camareros más completos.

Las estadísticas convencionales de estos jugadores de la intermedia aparecen en la tabla adjunta, excepto las de Bénitez y Torriente, al estar aún activos en series nacionales. Cada cual puede hacerse una idea y escoger al mejor a su entender, aunque nada mejor haber visto a todos jugar, privilegio del que goza el que suscribe.



Desempeño de segundas bases en series nacionales


*Temp- temporadas, DP-doble play o doble matanza

A criterio personal, los más integrales fueron Isasi en las primeras 15 series nacionales, Urquiola y Anglada hasta inicios de los 80, y Pacheco a partir de 1983 hasta 2000. El de más poder fue Macías, el de mejor ofensiva en general fue Alexander Ramos en series nacionales, ya que Pacheco e Isasi fueron buenos en series nacionales y eventos internacionales. En el renglón ofensivo no se puede olvidar a la figura de Urbano González, el hombre de la mejor vistilla, difícil de ponchar. Defensivamente la maravilla fue Anglada, le llegaba a lo imposible, seguido de Juan Padilla. El más perseverante fue Enriquito Díaz, no es fácil jugar tantas series en una posición que requiere mucha energía y eficiencia.

Escrito por Esteban Romero, 14 setiembre de 2018, con información extraída de las guías de béisbol, Cuban-play.com, Ecured.com y datos de su archivo personal.


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