TIRANDO LA TOALLA...por el fútbol

¿Estaría mejor nuestro béisbol si se jugara menos fútbol en las calles de Cuba y si disminuyera su divulgación por la TV y otros medios de prensa?
¿Estaría mejor nuestro béisbol si se jugara menos fútbol en las calles de Cuba y si disminuyera su divulgación por la TV y otros medios de prensa? 
Por Juan Carlos Teuma.

Desde hace algún tiempo, en las redes sociales y en más de un medio de prensa ha surgido el debate que intenta poner al béisbol y al fútbol como deportes antagónicos en nuestro ámbito deportivo. Esa supuesta rivalidad deja la impresión de que uno de los dos “sobra” en el contexto atlético cubano o, cuando menos, que la evidente disminución de la calidad de nuestra pelota ha sido motivada, de alguna manera, por el creciente número de personas que se han sumado a disfrutar —en la práctica o como aficionados— de las emociones del más universal de los deportes.


De tantas posibles, una pregunta pudiera dar claridad al asunto: ¿Estaría mejor nuestro béisbol si se jugara menos fútbol en las calles de Cuba y si disminuyera su divulgación por la TV y otros medios de prensa? Por supuesto que no. Pensar de otro modo sería inventar un “culpable” que seguramente evadiría el análisis y la solución de las verdaderas causas del ya prolongado mal momento que atraviesa el deporte nacional.

Sin hurgar en razones científicas, dignas de ser analizadas por sociólogos, dos circunstancias saltan a la vista para conocer por qué la masividad en la práctica del fútbol es actualmente mayor que la generada por el béisbol: En primer lugar el costo de los implementos deportivos para el balompié es incomparablemente inferior.

A esa realidad se suma la notable pérdida de terrenos de béisbol, que por diversas razones —generalmente ajenas a la actividad deportiva— han desaparecido del entorno beisbolero de la capital. Tales situaciones son solo dos de las muchas razones válidas para demostrar, directa o indirectamente, que el fútbol no ha desplazado al béisbol.



El fútbol, por sus indiscutibles virtudes y porque en Cuba no es un advenedizo, sino un viejo conocido, ha estado entre nosotros desde hace más de l00 años. De ello dan fe los certámenes —oficiales o no— de diversas categorías, entre ellas, las de pre-veteranos y veteranos, cuyos partidos se han celebrado durante décadas, casi siempre en la cancha de La Polar (actualmente Estadio Pedro Marrero) o en otras sedes temporales.

Quien conozca la historia del balompié en Cuba podrá atestiguar que también habita en nuestras profundas raíces. Quizás no como el béisbol, pero sí de un modo genuino, avalado por la constancia a través de los años, en condiciones generalmente poco propicias.

Toda la energía de quienes intentan crear barricadas divisorias, valdría la pena dedicarla a sacar el máximo provecho a ese gigante futbolero que despierta.



Mucho talento se ha perdido y se perderá porque, lamentablemente, el fútbol no se juega sobre un buró y para constatar la calidad que emana naturalmente de la masividad se necesitarían muchos ojos dispuestos a buscar ese tesoro en la calle, en parques, en canchas improvisadas en los sitios más insospechados…

Definitivamente, béisbol y fútbol no son antagónicos. No es bueno culpar a la relativa prosperidad del vecino por las contingencias propias. No sin verse a sí mismo con mirada crítica y objetiva. No sin tener la evidencia correcta. En todo caso, en vez de fomentar un diferendo ficticio, siempre es más apropiado sumar. Nunca restar y, mucho menos, dividir.