ADIOS A VÍCTOR: El oro nunca estuvo para él, era como una maldición

Víctor Mesa se quedó cerca varias veces del título pero más de media Cuba siempre estuvo en su contra, hinchando por el rival, fuese quien fuese
Víctor Mesa se quedó cerca varias veces del título pero más de media Cuba siempre estuvo en su contra, hinchando por el rival, fuese quien fuese
Foto: Yuhki Ohboshi
Por Norland Rosendo.

Víctor Mesa ha dicho adiós a Industriales. Su familia ha sido noticia deportiva en las redes sociales de los últimos días. Primero, sus dos hijos que decidieron tomar el mismo rumbo que los hermanos Gourriel, y ahora él, que renuncia a dirigir al equipo azul, el más querido y odiado de todos los elencos que participan en las series nacionales cubanas de béisbol.


La noticia era, hasta cierto punto, esperada, pero como es de imprevisible VM32, también podía intentar por decimoquinta vez la corona que no ha podido ceñirse y que ha visto, incluso, del color de su equipo en las manos de los adversarios.

Pero esta vez Víctor no lanzó cambio en vez de recta, ni mandó a tocar con dos outs. Hizo lo que algunos murmuraban entre dientes y en las redes, a la espera de que sucediera. A lo mejor de tanto decirlo y suplicarlo, se cumplió.

No voy ahora a satanizarlo ni endiosarlo. Es Víctor Mesa. Único, hereje. Soberbio y 150 por ciento entregado a la pelota. Entre sus pecados, que no han sido pocos, está querer que otros sean como él. Exigir como si tuviera bajo su mando a decenas de VM32 cuando casi todos, como atletas, no le llegaban siquiera a las rodillas.



Hizo otras cosas, probadas o no, que dejaron mucho de qué hablar, que sentaron precedentes. Ahora, los extremistas, los que lo denigraron siempre verán solo manchas; otros, que sí saben cuánto quiso, pero no pudo al frente de Villa Clara, Matanzas, Industriales y hasta del Cuba, buscarán equilibro, sensatez. 

Sin desconocer los errores y los horrores, verán, también, luces.

A fin de cuentas nuestra pelota está insípida y Víctor era la sal. A veces en demasía, pero le ponía sabor. Con él había crítica y elogios. Aplausos y palabrotas, pero había…, temo que ahora no haya, y nos muramos de aburrimiento y de béisbol manigüero (que me perdonen mis amigos del Escambray que juegan un béisbol digno).

La afición iba al Latino a veces más a meterse con él que a disfrutar del juego y en los estadios de otras provincias, ni hablar. 

Queda la leyenda, con sus metros de más en los cuentos y sus personajes hiperbolizados. Queda lo que fue y lo que no. Queda también la nostalgia.



Víctor dice que renuncia porque no lo llamaron a dirigir ningún equipo de la serie especial y porque tampoco estaba en los planes para Barranquilla. Dijo también, en sus declaraciones a Radio Rebelde, que no estaba en condiciones para dirigir este año. Quizá… ¿Queda algo?...

La suspicacia está en que Carlos Martí fue anunciado como director del equipo Cuba hace meses. Por su temperamento, Víctor hubiera reaccionado antes, aunque sé que estaba dolido con eso. Intenté varias veces entrevistarlo y su esposa Eneida me decía que esperara un poco.

Por eso la gente asocia la decisión con la partida de sus hijos, aunque él haya negado algún vínculo entre ambos hechos. Ya se sabrá, aunque no tiene nada de malo que quiera estar pendiente de sus hijos, de cómo entrenar, cuánto avanzan, su debut en la MLB; es normal en los padres.



Víctor estuvo buscando infructuosamente un campeonato, como aquellos que ganó con su Villa Clara de siempre. Hizo lo posible y a veces lo imposible (para otros), y no lo logró; se quedó cerquita varias veces. Lo tocó, lo olió, soñó hasta la fiesta. Pero el oro no estaba para él; era como una maldición, porque más de media Cuba siempre estuvo en su contra, hinchando por el rival, fuese quien fuese.

Imagino que desde que hizo pública su decisión hubo más de una botella descorchada, de ron a granel y añejo selecto, de las carísimas. Se extrañará VM32. Por lo bueno y por lo malo. Y quien diga lo contrario miente.