OPINIÓN: Lo mejor y lo peor de la Cuadrangular Cuba vs. México

Sometidos a una presión innecesaria por ganar, palabra de orden de los directivos cubanos, las novenas de Occidentales y Orientales presentaron, mayormente, alineaciones con los peloteros más curtidos disponibles
Sometidos a una presión innecesaria por ganar, palabra de orden de los directivos cubanos, las novenas de Occidentales y Orientales presentaron, mayormente, alineaciones con los peloteros más curtidos disponibles
Por Aliet Arzola / aliet@granma.cu

Con balance de ocho victorias, dos empates y dos derrotas cerraron los equipos cubanos el tope de preparación con los Diablos Rojos de México y los Guerreros de Oaxaca, marcado por la irregularidad en todos los renglones de juego y un ligero predominio del pitcheo.


Estos detalles son perfectamente comprensibles si tenemos en cuenta que los elencos antillanos van en plena cuesta descendente en su rendimiento tras un pico competitivo en la postemporada de la 57 Serie Nacional y la posterior incursión en la Serie del Caribe, mientras los aztecas todavía buscan la forma deportiva óptima de cara a su larga campaña veraniega.

En el caso de Cuba, no quisiera pasar por alto su desempeño, en particular de algunos jugadores que, pese al cansancio tras meses y meses con partidos diarios, saltaron ahora al diamante para duelos que no eran determinantes y se esforzaron por rendir, algo que no todos consiguieron por el mencionado desgaste.

Sometidos a una presión innecesaria por ganar, palabra de orden de los directivos cubanos, las novenas de Occidentales y Orientales presentaron, mayormente, alineaciones con los peloteros más curtidos disponibles, a mi juicio que deberían reconsiderar para no sobredimensionar la utilidad de los topes amistosos.



Hombres como Frank Camilo Morejón, Yulexis La Rosa, Guillermo Avilés, Frederich Cepeda, Roel Santos, Raúl González, Yordan Manduley, Alexander Ayala, Lázaro Blanco, José Ángel García o Vladimir Baños, por solo mencionar algunos establecidos y probados, no tenían que demostrar su poderío en la confrontación, y con su presencia estaban también expuestos a lesiones o a dejar una mala imagen al no encontrarse en su mejor forma deportiva.

Digamos que Leonel Segura, Jordanys Acebal, Raico Santos, Yoelquis Guibert, Yorbert Sánchez, Jorge Alomá o Lázaro Cedeño debieron disfrutar de más oportunidades y tener el mismo protagonismo que el prometedor antesalista artemiseño Lázaro Hernández, de quien ya contamos con una muestra aceptable para valorar sus virtudes y deficiencias. 

Sí, porque en este tope no se trataba de colocar a los más jóvenes un par de entradas como sustitutos o en partidos aislados, sino de entregarles la batuta y observar detenidamente sus respuestas ante distintas situaciones de juego, tras un gran fildeo, tras dos errores, en un momento de alza con el madero o cuando llevaran diez turnos sin pegar de jit.



Considero que no existía mejor escenario para probar si Acebal mantenía la misma efectividad en los tiros a las bases, o para colocar a Cedeño en alguna posición en pos de que probara si puede compaginar su ofensiva de largo metraje con el juego al campo.

Igualmente, me hubiera gustado ver a Segura todo el tiempo en la inicial después de meses sin competir o al trío de jardineros compuesto por Guibert-Raico Santos-Yunieski Larduet.

Sin embargo, todas esas opciones se cumplieron a medias, lo cual provoca que las victorias obtenidas, cuando las coloquemos en una balanza, no tengan el mismo valor, porque en gran medida se consiguieron gracias a los jugadores habituales, los de más experiencia, esos que dentro de solo unos días volverán al trabajo en la serie triangular de preparación a los Centroamericanos de Barranquilla, Colombia.



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