Víctor Mesa volvió a quedarse tocando la puerta, volvió a morir en la orilla

Más allá de lo bueno o malo de sus decisiones en el plano estratégico, lo de Víctor Mesa parece algo sobrenatural, como si pagara una deuda de otra vida. Da que pensar.
Más allá de lo bueno o malo de sus decisiones en el plano estratégico, lo de Víctor Mesa parece algo sobrenatural, como si pagara una deuda de otra vida. Da que pensar.
Foto: Otmaro Rodríguez
Por Jorge Ebro / jebro@elnuevoherald.com

Con Víctor Mesa al más ateo le tiemblan las convicciones. Siempre tocando a la puerta y siempre muriendo en la orilla, tan cerca de la tierra prometida y sin poder pisarla. Su destino, hasta ahora, ha sido el del que nada para ser llevado por una marea adversa, furibundamente antipersonal.


Dicen que la victoria tiene demasiados padres y la derrota es huérfana, pero muchos en Cuba y en Miami deben estar achacándole a Víctor el fracaso en la misma puerta de una final que ahora adquiere un sabor profundamente oriental. Aquí no hay orfandad que valga, parecen decir las multitudes, la acunó el legendario 32.

Las Tunas peleó con el puñal en la boca, hizo la mayoría de sus carreras más allá de la séptima entrada, tres veces vino de atrás para imponerse antes de dominar 10-0 el séptimo juego de la semifinal y ahora busca hacer historia por primera vez con un palmarés que no por asomo muestra los blasones de los capitalinos.

Industriales, acechado por los molestos leones de Prado, contempla en la noche la pérdida de la posibilidad de avanzar al mayor escenario de la Serie Nacional desde que lo hiciera en el 2012, desde que ganara por última vez un título en el 2010.



Para eso se trajo a Víctor en medio de una controversia. ¿Se acuerdan de cómo comenzó todo? El título iba a borrar las dudas y las discrepancias, y las autoridades de la capital volcaron sus recursos en este equipo, que sería el del renacimiento y que en cierta medida lo fue, aunque aquí no haya premio de consuelo.

Industriales, salvando distancias, es el Imperio Maligno de la pelota cubana, los Yankees tropicales. Con ellos no cabe la celebración de llegar a unos playoffs, de ser segundos de nadie y menos de Las Tunas. A la capital hay que tenerla contenta y la felicidad, en el béisbol, viene de la mano de los títulos.

El lado débil -con mención negativa y especial para la defensa- de los habaneros fue el bullpen. Ahogado en el ataque oriental, les costó trabajo sacar los outs y presevar ventajas. Cuando vino el momento decisivo, el edificio azul se vino debajo de un solo golpe, en el momento cumbre, espoleados por un Yosvani Alarcón que impulsó tres y anotó dos carreras, con dos hits, un doble y un cuadrangular, tras haber llegado al séptimo encuentro con un anémico promedio de .200.



En la batalla de las psicologías -la de la hora buena, para hablar en buen cubano- los tuneros llevaron la mejor parte y ahora van a su final contra una Granma descansada y potente como un carro de leña. De pronto, el viaje a Guadalajara está a solo cuatro juegos.

Y que decir del ganador Luis Angel Gómez que llevaba varias semanas sin abrir un choque debido a una lesión y contuvo a los Industriales en cinco imparables esparcidos a lo largo de siete entradas. Esto no lo imaginaba Víctor. Claro que no. Apenas lo imaginaba alguien.

No fue poco lo que logró el manager de los Industriales. Prometió llenar el Latinoamericano y lo cumplió, y toda Cuba volvió a vibrar con la pelota, en medio de un amor renovado, y donde quiera que plantó sus pies el público se arremolinaba a su alrededor. Por fin Messi y Cristiano pasaron a un segundo. Y que me perdonen otros.



Podrá decir cualquier cosa, pero allá en lo hondo de sí mismo, sin cámaras ni micrófonos deberá preguntarse por qué suena para él y sus equipos el toque de retirada, cuando la batalla entra en su esplendor. Villa Clara, Matanzas, Industriales...Más allá de lo bueno o malo de sus decisiones en el plano estratégico, lo de Víctor Mesa parece algo sobrenatural, como si pagara una deuda de otra vida. Da que pensar.

Volvió a quedarse con las ganas de ganar y en ese pecado va su penitencia.


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