Entrevista a Alberto Martínez revela más injusticias de la 'Era Dorada'

En 16 Series Nacionales Martínez computó .233 de average ofensivo, con 328 carreras impulsadas, 821 hits y 14 jonrones. FOTO: Tomada de Crono Deportes Online.
En 16 Series Nacionales Martínez computó .233 de average ofensivo, con 328 carreras impulsadas, 821 hits y 14 jonrones. FOTO: Tomada de Crono Deportes.
Por Roberto Santiago.

El mejor receptor defensivo del beisbol cubano en las décadas de los 70 y 80 fue Alberto Martínez González. Este remediano logró con los años tal maestría detrás del home que hizo de la receptoría un arte, caracterizado por su inteligencia. Ostenta estadísticas impresionantes para su época: .985 de average defensivo en 9123 innings, 368 cogidos robando, 821 hits conectados y 328 carreras impulsadas.


Quien más se le acercó fue el pinareño Juan Castro. Ambos jugaron 16 temporadas y terminaron con idéntico promedio de .985. Solo que Alberto con menor cantidad de juegos jugados cometió 27 errores menos, le robaron 69 bases menos y cogió robando a 38 corredores más.

El número 8 de los equipos Villa Clara y Cuba hoy nos revela sus más frescos recuerdos como pelotero.

-Tuviste una exitosa carrera de 16 series nacionales, con más de 10 años en la selección nacional y con números excepcionales. ¿Disfrutaste de esos momentos?

– Mi mejor recuerdo fue cuando era juvenil, que fui al Mundial de 1970 en Maracaibo, Venezuela. No tenía plena conciencia de la seriedad que implicaba esta carrera y esa fue mi verdadera etapa de felicidad en el béisbol. Si te digo la verdad yo disfruté poco la pelota, eso sí, siempre lo di todo con tremendo amor. Fíjate que yo venía de un evento internacional y me iba a jugar la provincial con Remedios.



Cuando comencé a integrar las selecciones nacionales en la temporada de 1978 ya ese compromiso conmigo mismo y con el pueblo me mantenía tenso por no defraudar y yo también siempre fui muy casero. Año tras año me ocurría lo mismo, no era presión en los juegos sino por el anhelo de mantenerme en la cúspide de la receptoría a nivel nacional.

A veces oigo entrevistas de atletas cuando dicen que quieren un descanso para darle chance a un suplente o retirarse para abrirle paso a la juventud. No comparto esos criterios. El ser humano por naturaleza busca ser mejor y los deportistas quieren darlo todo hasta el final e irse con glorias. Cuando te vas es porque ya tu rendimiento decrece. En mi caso me fui cuando estaba en plenitud de facultades y dolido.

– ¿Te obligaron a retirarte?

– Prácticamente sí. Yo tenía 35 años en el año 1987. Había terminado la serie como el mejor receptor defensivo en la nacional y la selectiva y cuando regresamos de los entrenamientos de altura en México me informan que no estaría en el equipo que viajaría a los panamericanos de Indianápolis. Pedí una explicación y, según un mensaje dejado por Miguel Valdés, que era entonces el jefe técnico de la comisión nacional y después abandonó el país, alegó que me faltaba destreza y que había perdido potencia en el brazo, y la mayor barbaridad, que no conducía bien a los lanzadores.



¿A quien iban a engañar si esa es la edad de madurez de un cátcher? Además, yo había ido a tres mundiales, a varias copas intercontinentales, panamericanos, en fin, tenía vasta experiencia. Sufrí porque estaba con plenas capacidades en la receptoría. En la serie siguiente jugué y volví a quedar como el mejor receptor por el antiguo coeficiente defensivo —JAS— y me mandaron para un equipo que fue a España, como para eliminarme de la selección grande. Cuando regresé ya vi que me querían excluir y utilizaron muchas mentiras. Entonces decidí retirarme en el 88.

– Coincidiste en época con Pedro Medina y después con Juan Castro. ¿Cómo eran las relaciones entre ustedes?

– Medina y yo nos llevábamos bien, dormíamos en el mismo cuarto, siempre en los equipos Cuba, nos ayudábamos. Él sobresalió por ser gran bateador y lo mío era mayormente la defensa, aunque internacionalmente tuve buenos dividendos a la ofensiva también. Juanito entró años más tarde. Yo lo jaraneaba mucho. Le decía que ya todo en el Cuba estaba planteado y él me decía que le llegaría el momento. No era esa rivalidad maligna, sino que cada cual quería jugar y dar lo mejor para el país. Éramos y somos buenos compañeros.



– ¿Cómo catalogas la salud actual de la receptoría y el beisbol cubano en general?

-Veo a Ariel Martínez, el cátcher de Matanzas con muchas potencialidades, lo tiene todo y es buen bateador, necesita más confianza en la selección nacional, es un talento que hay que aprovecharlo. Esa es una posición que se pule con los años y jugando. A nuestra pelota se le están yendo muchos jugadores. Tenemos otros peloteros en ligas foráneas que se incorporan a mitad o final de las Serie Nacional, y en la mayoría de los casos llegan cansados.

Creo que se debe buscar una estrategia para topar más como colectivo, porque los tiempos han cambiado y ahora la pelota tiene más desarrollo y estudio.

– Cuando vas al estadio Sandino de Santa Clara y ves la gigantografía en la que estás, ¿qué sensación experimentas?

– Creo que estoy en el lugar que merecí. Ahí estamos las figuras que más años nos mantuvimos en los equipos Cuba dándole glorias al país y que todavía nos mantenemos en la Patria. Sobre todo, me place cuando la gente me detiene en las calles y me recuerdan como jugador.



Tengo muchas anécdotas. Me dicen que fui el mejor, que eran fanáticos a mí, aunque Pestano tuvo números superiores a la ofensiva y la defensa. Juan Castro fue un gran receptor, para mí el más completo defensivamente.

Siempre pensé mantenerme dentro del beisbol. Después de mi retiro de la pelota activa estuve 12 años por Italia y otro en Rusia formando atletas. Al regreso comencé en el trabajo con los juveniles en la academia provincial y en el área de la receptoría con el Villa Clara. Hace como tres años nos plantearon a Pedro Jova, Luis Jova, Oscar Machado y a mí que como no éramos licenciados seríamos reubicados en un combinado deportivo y que debíamos abandonar la academia del Sandino, ¡a esa altura!

La noticia me hizo sentir muy mal y decidí acogerme a la antigua ley de jubilación. La verdad es que, desde que me retiré en 1988 no he sentido una atención adecuada. Pero no me gusta molestar a las autoridades, prefiero mantener mi ética y el prestigio que me gané ante el pueblo.

Con información tomada de Play Off Magazine


3

Síguenos en Facebook