LOS CHISTES DE LA SERIE: Uniformes repetidos, más bases que ponches, pocos jonrones y...

Entre las miles de incongruencias del beisbol cubano está la poca uniformidad de los uniformes y los números repetidos. En Industriales, por ejemplo, hay tres 32 y dos 22
Entre las miles de incongruencias del beisbol cubano está la poca uniformidad de los uniformes y los números repetidos. En Industriales, por ejemplo, hay tres 32 y dos 22
Foto: Roberto Morejón
Por Aliet Arzola Lima / aliet@granma.cu

En dos semanas, cuatro subseries y casi un centenar de juegos, la 57 Serie Nacional suma 779 bases por bolas, solo 107 jonrones, un juego finiquitado por forfeit y varios lanzadores sancionados por tirar bolazos. Más allá de esos datos, al clásico beisbolero cubano se le amontonan un sinfín de interrogantes que se repiten como una pesada carga día tras día en cualquier arteria de la nación.


La gente que desea ir a los estadios y finalmente termina sentado frente al televisor, consumiendo un partido de fútbol, se pregunta si realmente quieren ver un choque de pelota en el que los lanzadores tienen un promedio de velocidad inferior a las 86 millas, o en el que las posibilidades de ver un error o un doble play son, literalmente, las mismas.

El aficionado beisbolero cubano, ese de toda la vida, el que vio los jonrones de Capiró, el tenedor de Rogelio y el pivoteo de Telemaco, se pregunta por qué ninguno de los pitchers –insisto, ninguno–tiene un lanzamiento efectivo a la hora de ponchar. El apasionado se devora los sesos pensando en las razones para que la cantidad de boletos y pelotazos (901) supere la cifra de estrucados (845).

Esos que se sientan en los jardines en pos de tener una perspectiva diferente del juego, o simplemente porque les gusta ver el vuelo de la pelota, se preguntan qué ha pasado con los jonroneros, dónde están los sluggers, si algún día volverán los batazos kilométricos al estilo de Kindelán, Romelio o «Cheíto», y, sobre todo, cómo es posible que el ritmo de sacrificios (97) sea muy cercano al de vuelacercas (107).


Quienes aman el béisbol y defienden la idea de que se trate como patrimonio del país, no dan crédito ante un espectáculo, en el que se roban pocas bases y no se batea por detrás del corredor. Un torneo en el que un partido diurno (como sucedió en el Camagüey-Matanzas del pasado 10 de agosto), se juegue prácticamente a oscuras.

Quienes aman el béisbol no desean que se repita el veredicto de comisarios y árbitros de reanudar un pleito en un estadio sin alumbrado casi a las seis de la tarde, tras mucha lluvia, solo para lograr que el duelo sea válido y no arrastrar una suspensión, como sucedió en el choque de Ciego de Ávila y Sancti Spíritus del pasado 12 de agosto, liquidado a la postre por forfeit, pues los avileños determinaron no salir al terreno en dichas circunstancias, una decisión también criticable, por la cual fue sancionado el mentor Roger Machado a dos subseries sin dirigir.

Las personas que un día llenaron los parques no comprenden que, ya iniciado el campeonato, a los colegiados no se les haya entregado el vestuario y, por tanto, lleven franelas de distintos colores, algunos con el logo de las Ligas Mayores de Estados Unidos o del Clásico Mundial en el medio del pecho, detalles que rompen con la uniformidad del mayor espectáculo deportivo nacional.


En la propia línea, el dorsal 45 se repite dos veces en el conjunto yumurino, dos camagüeyanos llevan el 21, mientras en Industriales hay tres 32 y dos 22. Si bien ninguna regla impide o permite que dos miembros de un equipo usen el mismo número, hasta qué punto debemos dejar que se expanda una tendencia que crea confusión y desde la perspectiva visual no aporta nada.

Y así se acumulan las interrogantes. ¿Por qué el libro oficial del campeonato anuncia a un hombre con el dorsal 52 y después viste el 54? ¿Por qué una novena, en su patio, viste un pantalón gris cuando el reglamento dicta que debe hacerlo con su pantalón blanco; y por qué esa misma novena juega con la camisa de home club en valla ajena? ¿Acaso las normas son aplicables en algunos momentos y en otros no?

¿Es esto lo que queremos? Definitivamente, no. Dichos aspectos lastran la Serie Nacional y empañan su imagen, lo cual es una verdadera lástima, porque muchos aficionados continúan fieles en los estadios, vitoreando a los nuevos e idolatrando a las glorias de antaño que ahora dirigen desde el dogout. Por ellos, por el respetable, debemos todos, en el frente que nos corresponda, trabajar sin descanso en pos de que este espectáculo siga siendo el que más pasiones despierte en Cuba.


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