¨El unicornio azul" de Víctor Mesa

A Víctor Mesa le gustan las canciones de Silvio Rodriguez y además hay una extraña similitud entre su accionar y las canciones del trovador.
A Víctor Mesa le gustan las canciones de Silvio Rodriguez y además hay una extraña similitud entre su accionar y las canciones del trovador.
Por Boris Luis Cabrera.

A Víctor Mesa le gustan las canciones de Silvio Rodriguez, de eso no tengo dudas, hay una extraña similitud entre su accionar y las canciones del trovador. Desde el día que tuvo aquel sueño de una noche de verano, él lo supo, aquel sueño donde levantaba el trofeo de campeón nacional delante de 50 000 aficionados, lleno de gloria y júbilo desmedido, aquel día que su nombre se mencionaba en cada resumen de noticias y sus enemigos caían como moscas ebrias a sus pies. Desde ese día, el piensa que su unicornio azul, ¿Dónde sino?, está en el equipo Industriales, el más azul de todos los equipos.


Dicen las malas lenguas que organizó en la mañana una cita con ángeles y la canción del elegido ya estaba sonando en su espacio antes del anochecer, a pesar de corrientes adversas y palabras empeñadas.

Víctor viene de tierras lejanas, al final de este viaje, está seguro que su unicornio azul está aquí, en la capital de todos los cubanos, le falta eso, no puede dormir, sabe que la maza sin cantera, ¿qué cosa fuera?

El sigue afirmando que su sequia de títulos es por causas y azares de la vida. No cree en ángeles para un final, cuando todos pensaron que torció camino y se perdió del Morro, ha resurgido como un ave fénix.


Víctor es un reparador de sueños, sabe que hay locuras para la esperanza y es capaz de convertir el milagro en barro, por eso lo eligieron

Es hombre y amigo, eso sí, no cree en boleros ni habaneras ni le importa si la era está pariendo un corazón, el vino a ganar, a buscar su unicornio azul.

Llego como una tormenta tropical, donde había un óleo de una mujer con sombrero, puso una foto de una gloria deportiva, enseño a ciertos jefes que no hacen falta alas para conseguir cosas, para volar alto y satisfacer las necesidades de sus peloteros, por eso la gente lo respeta, por eso está aquí ahora, en la capital de todos los cubanos, vestido de azul.


Víctor sabe que el hombre se hizo siempre de todo material, por ende, los equipos también, por eso importa peloteros de cualquier lugar, por eso debe partirse en dos, y en tres, cuando dicen futuro. No tiene normas ni esquemas, al final, si no creyera en la locura, ¿Qué cosa fuera?

No le importa que lo llamen necio, el problema no es de quien saca cuenta y recuenta, al final, el unicornio azul tiene que encontrarlo en la capital. Víctor sabe que en su testamento, eso es un legado que tiene que dejarle a futuras generaciones.

¨Vamos a andar, para llegar¨, pensó cuando despertó de su sueño, y aunque Víctor es de donde hay un rio, el unicornio es azul y tiene melena, así que no tuvo más remedio que buscarlo aquí.

Ahora algunos aficionados sueñan con serpientes pero, ¿Quién fuera encantador?, yo prefiero, aunque despierte un rabo de nube su presencia, que Víctor este aquí, para motivarme un poco, al final a la pelota cubana le sobran días y le faltan flores.


En todo esto hay una extraña similitud con las canciones de Silvio Rodriguez, Víctor lo sabe, lo sabe desde que dio una pequeña serenata diurna a las puertas del INDER para exigir su puesto, desde que dijo allí que si el dirige Industriales, Cuba va, y la pelota también.

Ahora que está aquí, que puede lucir su melena oculta por tanto tiempo, y rugir como nadie, ojala que encuentre a su unicornio azul, Víctor sabe también, que si no lo encuentra en un tiempo prudencial, se le puede acabar la mirada constante, la palabra precisa, la sonrisa perfecta, pero es valiente, arriesgado a la máxima expresión.

Sabemos que Silvio se pone la mano en la oreja cuando canta, veremos donde se pone la mano Víctor cuando los árbitros canten algo que no le guste el terreno, cuando las cosas no le salgan según lo planeado o lo soñado. Cuando yo era un enano estas cosas no pasaban, ojala que no termine cantando en harapos y nada más, desde aquí le deseo que encuentre su unicornio azul, me parece que un día feliz está llegando, me gusta pensar así.


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