Miguelito Valdés: "Me catalogaron de traidor, fallecieron mis padres y no me pude despedir"

Entrevista al hombre que durante décadas había detentado un poder tremendo en el béisbol cubano como su director técnico
Entrevista al hombre que durante décadas había detentado un poder tremendo en el béisbol cubano como su director técnico
Foto: Bryan Cereijo BCereijo@MiamiHerald.com
Por Jorge Ebro / jebro@elnuevoherald.com

El funcionario de inmigración tomó el pasaporte en sus manos y cuando leyó el nombre pensó que estaba delante de un fantasma. Plantó el cuño que abría la entrada a Cuba a su portador y comentó con un dejo de tristeza: “Miguel Valdés, desde el 2004 no ganamos un torneo importante en la pelota’’.


Valdés, el hombre que durante décadas había detentado un poder tremendo en el béisbol cubano como su director técnico, regresaba a la isla en el 2012 para cerrar un ciclo que había comenzado en el 2002, tras abandonar una escuadra nacional en México.

Su gimnasio Fitness Lovers 305 abrió las puertas desde abril y ofrece clases para principiantes y remedios para aspirantes a profesionales e incluso miembro de las Grandes Ligas.Bryan Cereijo Miami Herald

“Me habían puesto el cartel de traidor y me costó mucho volver, al punto que fallecieron mis padres y no pude despedirlos’’', recuerda desde la oficina de su nueva criatura, el gimnasio Fitness Lovers 305, en pleno corazón de La Pequeña Habana. “El principio fue muy duro, lloré mucho. Pero nunca me he arrepentido. He logrado cosas importantes y si tuviera la oportunidad, volvería por el mismo camino’’.

El camino de Valdés se inició desde su graduación en el Instituto Superior de Educación Física y entró en su carril más alto cuando llegó a la escuadra nacional de béisbol, cuando esta vivía momentos de gloria y paseaba su hegemonía en las competencias amateurs.


UNA ÉPOCA DE DOMINIO

La poca o nula emigración de talento, las mejores condiciones de entrenamiento y alimentación, la ausencia de profesionales en los torneos y el innegable rigor técnico de personas como Valdés hicieron que la pelota cubana eslabonara una cadena de 151 juegos sin perder entre 1986 y 1997 en eventos internacionales.


“Me enorgullece decir que en mi hoja de servicios poseo 13 títulos mundiales consecutivos, dos oros olímpicos, seis centroamericanos y siete panamericanos’’, afirma el entrenador que a los 68 años de edad conserva un dinamismo envidiable. “Y todo se hacía con una base investigativa, con datos científicos. Mis equipos salían a competir con un 10 por ciento de grasa corporal, excelentemente preparados’’.

Valdés era un convencido de lo beneficioso del entrenamiento de altura. De ahí el peregrinaje anual a México antes de participar en los torneos de primer nivel, algo que según él, separaba a la escuadra cubana del resto de los conjuntos.

De acuerdo a sus investigaciones, los cubanos apretaban el paso a partir de la quinta entrada, cuando el cansancio comenzaba a hacer mella en los rivales, descargando el almacén de oxígeno proporcionado por esos centenares de metros sobre el nivel del mar.


“También habían críticas, era un cargo complicado, muy visible, y cuando algo salía mal la gente se disgustaba o porque no se había incluido este o aquel pelotero en alguna selección’’, reconoce. “Eran los tiempos en que el béisbol lo era todo, la vida y la calle, la sangre y el músculo’’.


UN CAMBIO DE RUMBO

Pero un día decidió dejar atrás su puesto de privilegio, sus logros en el deporte amateur y decidió emprender una nueva ruta al cruzar la frontera junto con el lanzador de Pinar del Río José Ariel Contreras.

¿Quién podría contratar a un técnico en esencia amateur? Después de todo, la olimpiada no es lo mismo a la Serie Mundial y muchos otros técnicos cubanos de béisbol no han podido abrirse camino en las organizaciones.

¿Quién?


“Omar Minaya, que era scout y venía a vernos en los topes contra Estados Unidos’’, revela Valdés, mientras contempla al grupo que comienza a poblar las instalaciones del gimnasio. “Siempre respetó mi trabajo y cuando supo que estaba aquí, me invitó a trabajar para los Mets, donde llegó a ser gerente general’’.

Hasta hace apenas unos meses fungió como coordinador de pitcheo de las Ligas Menores de los inquilinos de Queens, un trabajo demandante que le exigía muchas horas y millones de reportes, aunque reconocido por los varios premios ganados por los Mets como Franquicia de mejor trabajo con los lanzadores.


FITNESS LOVERS, LA NUEVA CRIATURA

Cansado de tanto viajar y poco dormir, Valdés se retiró de los Mets, pero no de la actividad física y menos del béisbol, que estará en el centro de Fitness Lovers 305, junto a su socio en el negocio, Yasmany Rodríguez.

“Queremos hacer algo diferente con este gimnasio, una atención como no se da en otros centros similares, muy personal’’, explica Valdés. “Pero lo importante es que estamos creando un centro diagnóstico para evaluar problemas de pitcheo y bateo, y encontrar soluciones. Te digo algo más: vamos a poner en práctica una metodología para evitar el riesgo de las operaciones de Tommy John’’.


Con un sistema de varias cámaras, Valdés grabará los movimientos de lanzadores y bateadores para buscar las fallas -solo con el madero se pueden cometer 50 errores, afirma el técnico-, especialmente aquellas que tienden a romper los ligamentos del codo en los jóvenes pitchers debido a malas mecánicas.


A pesar no estar vinculado directamente con ningún equipo, Valdés sigue bien de cerca la evolución del béisbol cubano y ve con tristeza los problemas, los errores, el alejamiento de la afición y de peloteros que ahora debían estar al mando, el desmontaje de lo creado en sus tiempos, como el entrenamiento de altura, el desuso de los libros escritos y los consejos de viejos maestros.

“Siento que en Cuba, en el béisbol, desordenaron la casa’’, afirma Valdés. “Se puede ordenar, pero se debe trabajar duro y con inteligencia. Si llevamos un equipo unido con los mejores de Grandes Ligas y los mejores de allá, estoy seguro de que competiríamos de tú a tú. Y si me dejan dirigir ese equipo a mí, garantizo un buen papel’’.


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