ESCÁNDALO: Comisión excluye a Michel Enríquez por buscarse contrato por cuenta propia

El barco pirata de la Isla de la Juventud que zarpará este 5 de agosto saldrá sin capitán, Michel Enríquez se queda en puerto.
El barco pirata de la Isla de la Juventud que zarpará este 5 de agosto saldrá sin capitán,
Michel Enríquez se queda en puerto. 
Por Boris Cabrera.

El barco pirata de la Isla de la Juventud que zarpará este 5 de agosto con la voz de ¨Play ball¨, saldrá sin capitán, Michel Enríquez se queda en puerto.


Si, el mismo de mil batallas, ese que aunque no lleve patas de palo ni parche en el ojo, ha estado inmerso en cuanto combate aparece desde hace varios años, el mismo que ha rechazado cheques en blanco y ofertas millonarias, el primero que salta al abordaje con el pecho descubierto para defender los colores de islas pequeñas y grandes. 

Se queda en puerto por la rabia y la impotencia de la comisión nacional de beisbol, esos mismos que a diario juegan a ponerle barreras a nuestro deporte nacional, a tirarle arena, a ponerle zancadillas mientras se aferran a lo absurdo y a las teorías arcaicas. 

Michel Enríquez cometió el peor de los pecados, la peor de las burlas, el desacato más colosal, el capitán pinero se gestionó un contrato para jugar, quien sabe en qué liga por ahí, por su propia cuenta, en la temporada muerta. 


La comisión nacional de beisbol se sintió excluida, no pudo tocar ni un dólar de los pocos que seguramente le pagaron al antiguo capitán, y responde con algo que saben hacer muy bien, con su carta debajo de la manga o su conejo dentro del sombrero: Lo multiplican por cero.

A nadie le importa el cáncer que padece nuestro pasatiempo más preciado, no es problema de nadie la impronta que ha dejado Michel durante años, nadie cree en capitanes, ni en líderes, ni en prestigios bien ganados, ni mucho menos en glorias pasadas, ni en talentos, ni en la historia misma. 

Valen más los estatutos polvorientos, el orgullo estúpido y la verborrea estéril. No importa la voz del pueblo, a Higinio Vélez y a Yosvany Aragón no le quita el sueño un barco pinero a la deriva y una isla entera dolida envuelta en el estupor de sus directivas.

Michel se queda en puerto, quizás para siempre, es hora de denuncia y garrote para los culpables de tamaña injusticia.


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