El manager Ariel Pestano ha llegado y lo ha hecho como los grandes

Los Naranjas de Villa Clara de Ariel Pestano están en la final del Sub-23
Los Naranjas de Villa Clara de Ariel Pestano están en la final del Sub-23
Por Boris Cabrera.

Empezó la película, créditos con nombres raros y música tensa de duelos al estilo del viejo western, ante las cámaras un muchacho alto, delgado, pero de constitución fuerte, un numero de malas supersticiones en la espalda y un apellido nunca antes visto en los anales del beisbol cubano. Miles de aficionados observando el final del partido, los míticos Industriales amenazan otra vez con estropear los sueños naranjas, el muchacho vino de la banca, frio de cuerpo y de sangre…decidió el partido, hit de oro que disemino un mensaje en todos los parques y veredas: Llego uno de los grandes.


Ariel Pestano Valdez es el personaje principal de esta película, el guion lo escribe el mismo, la escenografía es la grama verde de los terrenos, el público, las cornetas y la sirena ensordecedora, la mascota y la careta, la arcilla y el bate de beisbol. Es larga, muy larga, las luces solo se prenden de noche y la produce la estirpe y el temple, la dirige la pasión y es para todas las edades.

El mascara de los leopardos centrales se fue vistiendo de gloria, con los años crecieron los mitos y las leyendas, la maestría detrás del plato y el bateo oportuno, su nombre se tatuó en los libros y en la mente de todos, se encaramo en el top de todas las listas y se hizo indispensable en todos las selecciones para eventos internacionales.

Como en toda película, existen los héroes y los villanos, los antagónicos y las piedras en el camino. Ariel Pestano Valdez, chocó con la más grande de todas, su rebeldía y su senectud lo dejaron fuera, por primera vez, de la selección nacional. Nadando contra la corriente, el antagónico de la historia lo dejo fuera, y de una vez y por todas pensó que el polvo del olvido y la separación definitiva era lo que deparaba el destino para el final del filme.


Los espectadores gritaron, sacaron carteles, y se les hincharon las venas del cuello y del corazón, algunos apagaron la televisión y encendieron la soberbia, los que saben de la justeza de la vida, se quedaron allí, armados de paciencia y del optimismo más grande, esperando.

Como las más clásicas historias de Hollywood de domingos por la tarde o de sábados por la noche, el azar y el destino montaron una escena épica en la ciudad naranja, el héroe, cansado y herido, arrastro los pies hasta el cajón de bateo, el villano en la trinchera opuesta armado de fuegos artificiales y cantos de victorias, las apuestas en contra, y en contra también, la lógica y las probabilidades, la venganza es un plato que se come frio, los dioses del béisbol expectantes, otra vez la música tensa de duelos al estilo del viejo western, y otra vez la conexión que inclina la balanza, que destruye mitos y lo hace leyenda, esta vez la bola se perdió en las gradas, la vuelta al cuadro, el estadio que se estremece y la gente envuelto en euforias colectivas, el climax de la película, el Oscar para el guion y para el actor principal, la ovación cerrada mientras cae lentamente el telón de color naranja.


Ariel Pestano Valdés no entiende que las segundas partes nunca son buenas, ahora se filma la continuación de la historia, cambió los viejos arreos por la libreta de anotación, sin experiencia alguna se puso al mando de la nave que habitan muchachos por debajo de 23 años, esparció el polvo mágico de su estirpe y de su arrojo temerario, de sus conocimientos y de su picardía innata sobre las franelas y las gorras de sus pupilos. 

Está en la final, cualquiera diría que así son las películas de Hollywood, que el héroe siempre se lleva la gloria, el final feliz y la lagrima que corre, pero en este caso cualquier semejanza con la realidad no es pura coincidencia. La película se está grabando, quedan aún kilómetros de cintas, el villano aún vive entre las sombras y se avecinan tormentas en el horizonte. Esperemos pacientes. 

Saludos amigos


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