CRÓNICA: Con la llegada de Víctor muere el sueño Azul

Resulta irónico como un hombre que está considerado entre los mejores jugadores que ha pisado un terreno de pelota en la mayor de las Antillas, constituye hoy el agravio personificado contra la gran pasión de los cubanos.
Resulta irónico como un hombre que está considerado entre los mejores jugadores que ha pisado un terreno de pelota en la mayor de las Antillas, constituye hoy el agravio personificado contra la gran pasión de los cubanos.
Por Michel Ortega de Armas.

Uno de mis lugares preferidos de La Habana cuando era pequeño se encontraba pasando el túnel de la bahía, que interconecta el este con el centro de la capital cubana.


No tenía nada que ver con las innumerables bellezas que rodean el casco histórico; más bien se trata en concreto de un edificio parco, casi destruido que se encuentra justo al lado del famoso Bar-Cabaña.

El motivo de mi admiración por este sitio tiene que ver con que allí durante muchos años y por el tiempo que durara la Serie Nacional de Béisbol ondeaba una bandera de un azul que el tiempo había opacado, y sin embargo ante mis ojos siempre pareció hermosa.

En ella lucía gallarda, más allá de los resultados del año, la insignia del que quizás sea el conjunto más polémico que haya tenido el béisbol cubano: Industriales.

Confieso que en los momentos en los que mi orgullo por este conjunto se encontraba herido, ya sea por una mala temporada o una eliminación como aquella del error de Enrique Díaz contra Pinar del Río, al pasar frente a esta enseña sonreía y volvía a soñar en azul.


No obstante, un día y por razones que aún desconozco, ese estandarte desapareció para siempre de la vida de los capitalinos, de forma tan fugaz como el eterno Armandito. Ese día, lo admito, mi amor por Industriales murió un poco.

Hace aproximadamente un mes un rumor siniestro llegó a mis oídos. Era una historia absurda, seguramente sacada de una obra de Bretón, o un chiste de mal gusto. Lo rechacé de plano. Víctor Mesa no podía ser director de los Azules. Esto se fundamentaba en que entre otras cosas aún no se había oficializado una renuncia del hasta entonces técnico Javier Méndez.

Cuando en entrevista el eterno número 17 de la capital reconocía no poder seguir enfrente del conjunto por razones personales, aquella historia irracional comenzó a preocuparme.

Aprovechando el privilegio de trabajar en una de las emisoras más deportivas del país comencé a indagar al respecto y la información autorizada informaba que la propuesta que se estaba valorando era la del experimentado Guillermo Carmona.


Pero los peores vaticinios se confirmaron, la “Explosión Naranja” sería el nuevo director de los Industriales.

Desde hace ya un tiempo pretendía escribir sobre este tema, y sin embargo lo había dejado escurrir entre compromisos profesionales. Pero la Comisión Nacional de Béisbol se ha empeñado en avivar la llama con este nombramiento.

Resulta irónico como un hombre que está considerado entre los mejores jugadores que ha pisado un terreno de pelota en la mayor de las Antillas, constituye hoy el agravio personificado contra la gran pasión de los cubanos.

Víctor Mesa Martínez ha manchado la imagen de nuestro béisbol irrespetando a los árbitros, ofendiendo a la prensa, castigando de forma injusta a muchos de sus jugadores; incluso sobrepasó los límites de lo tolerable cuando agredió a unos jóvenes aficionados en Pinar del Río, y ante todo esto la dirección del deporte no ha hecho otra cosa que premiarlo.


Me preocupa, más allá de todo esto, que siendo este técnico rechazado por sus actitudes por una gran mayoría de los seguidores azules, y esto se ha podido comprobar en las opiniones de los capitalinos en los diferentes espacios informativos sea impuesto como director del conjunto habanero.

Ya resultaría bastante vergonzoso si como recientemente declarara Guillermo Carmona, presumiblemente se le hubiera ofrecido la dirección del conjunto desde diciembre, por la cual renunció incluso hasta a un contrato en el extranjero, para luego nombrar al villaclareño.

Pero designar a un director a sabiendas del rechazo que este provoca en buena parte de la población capitalina es simplemente un insulto a lo más sagrado que existe en el deporte: la afición.


Esto no quiere decir que no reconozca sus méritos deportivos. Sus números como director técnico tanto de Villa Clara, como de Matanzas más allá de no haber conseguido el título hablan muy bien de él.

Incluso el día de mañana, la disciplina que no profesa, y empero irónicamente imprime en sus dirigidos puede terminar premiándole con la conquista del campeonato.

Sin embargo, y como me confesara ese amigo tras el teléfono luego de informarme de la triste noticia, mientras Víctor esté al frente de los Industriales, yo no me permitiré soñar en azul.


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