Víctor Mesa: ¿Dr Jekyll o Mr. Hyde?

Víctor es así y seguro va al Clásico con el Cuba; en su mente de psicópata está fijada la idea de ser “el elegido”, que su forma de actuar es la correcta y lo demás nada importa
Víctor es así y seguro va al Clásico con el Cuba; en su mente de psicópata está fijada
la idea de ser “el elegido”, que su forma de actuar es la correcta y lo demás nada importa
Foto: Enrique de la Osa
Por Alexander García Milián.

Robert Luis Stevenson no podía imaginar que el dilema que planteará en su novela El extraño caso del Doctor Jekyll y Mr. Hyde, tuviera una segunda parte en este siglo XXI y menos en Cuba; la cuestión, esa que habla sobre el problema de identidad en las personas, coloca una vez más en la palestra pública a la figura de Víctor Mesa; alguien que parece a veces tan carismático y buena gente, pero de pronto lo vemos convertido en la peor de las bestias.

Gana Hyde.


BREVE INTROSPECCIÓN PSICOLÓGICA

Para analizar la personalidad de Víctor son necesarios Sigmund Freud y Carl Jung en pleno estado de gracia. Solo un exhaustivo psicoanálisis pudiera explicar cómo este simple mortal alcanza la categoría de feroz animal en un abrir y cerrar de ojos.

Si bien es cierto que el clima de su infancia lo pudo afectar, nada justifica que un ídolo deportivo para muchos cubanos, alguien que llenaba estadios y al que seguían multitudes; crea que es “el intocable” o “el todopoderoso” y ande como “Pedro por su casa” entre ofensas y malcriadeces.

“Empate” entre Hyde y Jekyll.


SOBRE LA PERSONALIDAD

Para algunos el anticristo, para otros un salvador; lo cierto es que Víctor Mesa sin conocer a Nostradamus y menos a San Pedro posee el don de estar siempre en la vox populi de la gente, ya sea por bueno o por malo, sus comentarios tienen esa chispa que incendia todo a su paso, al punto que algunos lo ven como un tótem sagrado, otros como un oráculo cuando en materia de pelota hablamos o, incluso, un emperador al que no le pueden refutar la palabra.

La soledad del center field parece que afectó a Víctor, esa que trata de ocultar con su sonrisa amplia, la que todos miran, pero que nadie entiende; la misma con la que da la mano y también espeta obscenidades contra cualquiera, digamos árbitro o pelotero.

Otro triunfo para Hyde.

LA REALIDAD SUPERA A LA LITERATURA: BREVE DICTAMEN CLÍNICO

Es cierto que Víctor siempre cuenta con la audacia de los primeros bates, esa inteligencia aguda que alumbra su camino siempre, la que lo hace ganar y sacar exactas conclusiones; y ya sea por santería u otro medio, sí es un manager exitoso, aunque en las postemporadas su carácter obsesivo compulsivo lo traiciona y “pierde la cabeza” igual que Jekyll con su poción, el título le queda tan lejano como la Inglaterra de la época de Stevenson y quizás sea esto último la manzana de la discordia, el móvil de todo.


Pero es así, y nadie lo cambiará, seguirá como director de Matanzas y seguro va al Clásico con el Cuba; en su mente de psicópata está fijada la idea de ser “el elegido”, que su forma de actuar es la correcta y lo demás nada importa ¡Ay, Stevenson! ¡No es Jekyll, es Víctor!

EL CASO ES RESUELTO: A CONFESIÓN DE PARTES, RELEVO DE PRUEBAS

Gabriel Utterson no está para ayudarme con lo de Víctor, quedó encerrado en el mundo del célebre escritor británico, en el Londres de finales del XIX; aquí solo acudo a mi sapiencia y amor por el béisbol para yo también dar un poco que hablar y aunque parezca imposible, tratar de entender a Víctor, como piensa, su forma de actuar y porque a cada rato nos deja con la bola en la mano. ¿Será Jekyll? ¿Será Hyde? Saqué usted sus propias conclusiones.