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» » » Víctor Mesa y el mito del Ave Fénix (Parodia a las palabras de Clemente de Roma)

Víctor está renaciendo lentamente en la capital de todos los cubanos, con melena y garra fuerte, siempre único y eterno se pasea por el malecón de la Habana
Víctor está renaciendo lentamente en la capital de todos los cubanos, con melena y garra fuerte, siempre único y eterno se pasea por el malecón de la Habana
Por Boris Cabrera.

Su nombre es Fénix, y tiene el número 32 en la espalda. Cada cierto tiempo se transforma, es víctima de una escabrosa metamorfosis y puede mutar de reptil a mamífero carnívoro en pocos meses y viceversa. Es el único animal de su especie, vive solo unos años, dependiendo de la región del país donde habite.


Cuando ha alcanzado la hora de su disolución, muy cercano a juegos finales de post temporadas, se hace un ataúd de incienso y mirra y otras especias, en el cual entra en la plenitud de su tiempo y muere. Cuando la carne se descompone, engendra cierta larva, que se alimenta de la humedad de la criatura muerta y le salen alas. 

Cuando ha crecido lo suficiente en la boca de los aficionados y en las peñas deportivas, toma consigo el ataúd en que se hallan los huesos de su progenitor, y los lleva a otras tierras, y en pleno día, a la vista de todos, llega volando hasta donde conviven la arcilla y la grama, las gradas y las cercas, las luces y el home-plate, y los deposita allí, para emprender el regreso a lugares insospechados.

El mito de Fénix, el del número 32 en la espalda, ha alimentado varias doctrinas y concepciones religiosas, siempre muere para renacer con toda su gloria. Se cuenta que posee varios dones extraños, por ser la única bestia que se negó a probar la fruta del paraíso, tiene una fuerza descomunal, controla el fuego de los dioses, lanza agua a sus enemigos y tiene gran resistencia física. 


Se le asocia a grandes desastres naturales, por su verbo descontrolado y por sus gestos desmesurados, a la resurrección y a las cosas imposibles, es inmortal porque tiene la capacidad de renacer de sus cenizas.

Esta vez Fénix murió en el pantano, en el fango asqueroso y putrefacto, se repite el ciclo mitológico que le quita el sueño a muchos y que emociona a otros, está renaciendo lentamente en la capital de todos los cubanos, con melena y garra fuerte, siempre único y eterno se pasea por el malecón de la Habana, desafiante y sonriendo, con su número 32 en la espalda. 

Saludos amigos.


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